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Wednesday, June 10, 2020

Vara, ministro de propaganda

        
                     


      Decía Disraeli, primer ministro inglés de la reina Victoria, que existen mentiras, grandes mentiras y luego están las estadísticas. El pobre Winston en la novela 1984 se dedicaba a buscar noticias antiguas en el periódico para falsearlas y hacer creer a la gente que todo iba a mejor. Las raciones para la población siempre aumentaban gracias a un maravilloso gobierno. Este curso, como no hay elecciones, se pretende aumentar las horas lectivas a los profesores (con la reducción de plantilla, 302 docentes menos, y la pérdida de calidad en las clases que ello conlleva) y Vara lo justifica diciendo que hace cinco años había menos docentes que ahora. Si fuera ministro de Sanidad, Vara podría defender su gestión en la presente crisis con estadísticas como:

AUSTRALIA: más casos de criadores de canguros con COVID que en España.
MARRUECOS: más personas que se llaman Mohamed enfermos de COVID que en España.
ESTADOS UNIDOS: más suicidas con COVID tirándose del puente de Brooklyn que españoles.
CHINA: más personas con los ojos rasgados positivos de COVID que en España.

La manipulación política está a la orden del día, por eso es tan importante una educación que abra ojos. Se usan escalas erróneas para dar a entender un suave aumento del paro en una gráfica, un pictograma donde la frecuencia no es proporcional al área sino al diámetro, diagramas de barras cortados cuando interesa que se interfiera mayor variación, cambios en las condiciones de conteo como cuando nos hicieron creer que el IPC apenas subió con la entrada del euro...

Y esto del aumento de profesores con respecto a cinco años que acaba de soltar Vara, queridos alumnos, es otro claro ejemplo de cómo usar la estadística de manera tendenciosa. Vale, es cierto, los políticos nos van a seguir engañando, pero si, gracias a una buena educación, adquirimos conocimientos y una mente abierta, les va a costar mucho más.

Tuesday, June 04, 2019

Cómo me gustaría morirme, por Enrique Vila-Matas


    Fingirse borracho en compañía de John Huston, tal vez sea esto lo que más me ha divertido en la vida. Nunca olvidaré aquellas noches en Nueva Orleans. En una de ellas, le oí decir a Huston que él deseaba morirse como su tío Alec. Desde que oí su historia deseo yo también morirme como el tío Alec.
    Un día, cuando Alec estaba ya muy enfermo, sonó el timbre de la casa y su esposa fue a abrir. Volvió a subir las escaleras y le dijo a su marido que era una prima que había venido a verle.
    –Dile que me niego a verla –respondió Alec–. Es una pesada. No voy a desperdiciar con una pelma ni un minuto del tiempo que me queda.
    Al oír esto, su mujer se enfadó mucho y le dijo que su prima había hecho un largo camino para verle, y que él tenía que ser educado y dejarla entrar y verla. Pero Alec fue inflexible.
    –Dile que me he muerto –le sugirió.
    Su mujer se negó a ello.
    –Si eso fuera cierto –dijo ella– ya se lo habría dicho cuando llegó a la puerta.
    –Bueno, entonces –dijo Alec–, ¿por qué no le dices que me acabo de morir y que no te has enterado hasta haber vuelto?
    Su mujer tampoco quería saber nada de esto.
    –Ella querría entonces subir y verte –predijo.
    –Déjala subir –replicó Alec–. Me haré el muerto.
    –No puedes. No puedes contener la respiración durante todo ese tiempo.
    –Ponme a prueba –contestó Alec.
    Y eso exactamente fue lo que Alec hizo. Su prima entró y él permaneció completamente inmóvil, con los ojos medio cerrados y reteniendo la respiración, y así fue como, simulando que había muerto, Alec se murió.


Saturday, May 18, 2019

Karl Ove Knausgård




          Los dos leíamos mucho, cada uno por nuestro lado, y hablábamos de eso o lo tomábamos como punto de partida, porque también nuestras propias experiencias se entretejían en las conversaciones, que eran interminables, a veces nos quedábamos hasta altas horas de la noche y continuábamos al día siguiente por la tarde, no de un modo forzado o artificial, tanto él como yo estábamos hambrientos, los dos teníamos el deseo de aprender latiendo en el cuerpo, los dos sentíamos el placer del movimiento, porque eso era lo que ocurría, nos empujábamos el uno al otro hacia delante, una cosa conducía a otra, de pronto me oía a mí mismo hablar de algo en lo que nunca había pensado, ¿y de dónde venía eso?
No éramos nadie, dos jóvenes estudiantes de Literatura charlando en una casa ruinosa en una pequeña ciudad en el borde del mundo, un lugar en el que jamás había sucedido nada significativo y seguramente nunca ocurriría, apenas habíamos empezado nuestras vidas y no sabíamos nada de nada, pero lo que leíamos sí era algo, trataba de las cosas más extremas, escrito por los pensadores y autores más importantes de la cultura occidental, y en realidad era un milagro que bastara con rellenar una ficha de préstamo en la biblioteca para tener acceso a lo que Platón, Safo o Aristófanes habían escrito hace mucho en la profundidad de los tiempos, u Homero, Sófocles, Ovidio, Lúculo, Lucrecio, o Dante, Vasari, Da Vinci, Montaigne, Shakespeare, Cervantes, Kant, Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, Lukács, Arendt, o los que lo hacían en nuestra época, Foucault, Barthes, Lévi-Strauss, Deleuze, Serres. Por no hablar de los millones de novelas, obras de teatro y poemarios que existían. A sólo una ficha y unos días de distancia. No leíamos ninguno de esos libros para reproducir su contenido, como era el caso del programa del curso de literatura, sino porque podían aportarnos algo.

Friday, February 01, 2019

Juan Carrión, profesor de inglés, por David Trueba




      Pese a que aparente lo contrario, la gran revolución pendiente tiene a la educación en su centro irradiador. La degradación del valor educativo no impide que de tanto en tanto se produzcan milagros que sacuden la formación musical en Venezuela o el instinto tecnológico en Estonia. Mientras tanto, España ha impuesto la hostelería para nuestros jóvenes como una fatalidad mitad política, mitad climática. Pero en medio de esa catástrofe se alzan titanes como Juan Carrión, que murió el pasado día 30 después de una vida dedicada a la enseñanza del inglés. Con 93 años este madrileño seguía impartiendo clase diaria en su academia abierta en Cartagena, la ciudad de su vida. Por ella han pasado alumnos durante décadas, alumnos que uno se cruza en distintas partes del mundo, y que testifican que un buen profesor no solo es el que imparte con tino su materia, sino el que te predispone la cabeza para cualquier reto que pretendas.

Una anécdota sucedida en 1966 define bien a alguien como Carrión. Enterado de que John Lennon estaba instalado en Almería para rodar una película como actor a las órdenes de Richard Lester, el profesor fue a su encuentro. Utilizaba desde años antes las canciones de los Beatles para enseñar su asignatura, aunque entonces fuera un método inusual y poco aceptado. Según Carrión, para aprender un segundo idioma era fundamental que los chicos tuvieran durante el día en su cabeza esa nueva lengua. Y tararear las canciones era algo que podía hacerse en el autobús, en la espera, antes de dormir. El problema residía en que los discos no contenían las letras de las canciones y por lo tanto, una vez que Lennon y McCartney fueron haciendo más y más complejas sus melodías y sus versos, las lagunas aumentaban.
Encontrar en persona a John Lennon y entregarle los cuadernos de los alumnos servía para dos cosas. La primera, que el autor completara las faltas de comprensión o las dudas en las letras de las canciones de discos como Revolver.La segunda, recordar a un joven músico de 26 años, que había sido un alumno pésimo y encarnaba la resistencia a la autoridad, y pese a que estaba sumido en una crisis de identidad y en pleno desgaste profesional, que su trabajo era respetado, influyente y, con toda seguridad, trascendente para el futuro de los jóvenes de los años 60. En ese encuentro, con la apariencia de un instante sin importancia, se propicia que los siguientes discos de los Beatles incluyan las letras en sus álbumes y se vuelve a consagrar la figura del profesor como alguien capaz de cambiar el mundo cada vez que arroja a la sociedad una promoción de muchachos mejor preparados, apasionados por saber, armados de curiosidad.

Fueron muchos los gestos similares de Carrión a lo largo de su vida de profesor. Acompañar a sus alumnos al examen de grado en Madrid y practicar en el parque hasta la hora de entrada, llevarse a la clase completa al hospital si algún compañero estaba ingresado por un largo periodo, proyectar para ellos en la academia después de cenar películas en su versión original en inglés, planificar viajes de verano a Londres o Estados Unidos y organizar los cuadernos de trabajo de manera tan rigurosa y táctica que casi todos ellos los guardan como un tesoro cuarenta, cincuenta años después. Y también, claro, obligarlos a cantar, a leer en voz alta, a seguir una disciplina de estudio y de vida. Como me recordaba uno de esos alumnos al pie de su cama de hospital público en Cartagena en el día anterior a su muerte irremediable, los sumergía en un íntimo estremecimiento cuando con 12 años les hacía oír y desentrañar la letra de, por ejemplo, Bridge over troubled waters de Simon & Garfunkel. Y uno piensa que eso es un profesor, que eso es la educación al fin y al cabo, ni más ni menos que un puente sobre las aguas turbulentas, una manera de salvarse.


Wednesday, May 17, 2017

Condena, por Fernando Savater




          De Emanuel Swedenborg, al que Kant llamó “visionario”, cuenta Borges que “hablaba con los ángeles por las calles de Londres”. Aunque fue un científico notable (hizo los planos de un avión y un submarino, descubrió el funcionamiento de las glándulas endocrinas, lanzó la hipótesis de la formación nebulosa del Sistema Solar...), su verdadera especialidad fue el Mas Allá, la posvida en el Cielo y el Infierno. Explicó que al comienzo los condenados no son conscientes de su muerte y creen que continúan en su esfera cotidiana: les rodean los muebles y utensilios familiares, los paisajes conocidos. Poco a poco, van produciéndose desapariciones —la butaca favorita, el piano, una ventana, las flores del jardín...— y luego surgen en lugar de lo desvanecido formas equivocadas o amenazadoras. Por fin se dan cuenta de que no están en casa sino en el Infierno y empieza su eterna condena.

             Creo poder confirmar esta tesis de Swedenborg. Hace tiempo que las cosas de mi mundo se van difuminando, pierden sustancia. Los libros siguen presentes y tentadores, pero al abrirlos algo ha drenado su savia hasta dejarlos huecos, exánimes. Las películas nuevas son peores que las antiguas, las antiguas peores de lo que las recordaba: sentado ante el televisor con desasosiego ya no siento la expectativa feliz porque ahora nadie apoya sus pies en mi regazo. Se fue el disfrute... Y los sitios que recorrimos juntos están hoy cubiertos de sudarios, como esas sábanas que tapan las formas incómodas de los muebles en una casa abandonada. Los platos más sabrosos, crujientes, aromáticos... comienzan a deleitarme la boca pero luego adquieren insipidez y amargura de ceniza.

 Llega el infierno y se revela mi condena, la más atroz: creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto. Hoy hace ya dos años.


Wednesday, March 15, 2017

El balcón en invierno, por Luis Landero



        “Y cuando tú llegaste a Madrid con tu habla rústica y tus trazas y tus maneras campesinas, en una de las primeras clases un profesor os habló de las siete maravillas del mundo. Empezó a enumerarlas, las pirámides de Egipto, el Coloso de Rodas, los jardines de Semíramis, y cada vez que iba a decir una nueva, tú pensabas, ahora, ahora viene la Piedra Berrocal. Aquella fue otra de tus experiencias esenciales, el descubrimiento ­ la incredulidad al principio y la lenta y penosa evidencia después ­ de que allí nadie tenía noticias de la Piedra, ni del Castillo ni de Valdeborrachos, ni de don Daniel, ni de Pereira ni de Aníbal, y ni siquiera de tu pueblo. Todo un mundo de héroes y de mitos se vino abajo en un instante”.

"Tú creías que vivías en el centro del mundo, como es de suponer que les ocurrirá a todos los niños de todos los lugares, y más en los tiempos en los que no se viajaba ni había televisión. Las cosas entonces se escribían todas con mayúsculas: el Padre, el Abuelo, el Maestro, el Libro, el Médico, el Conductor de automóviles, el Escribiente, el Cura, el Pueblo, la Rivera, el Castillo, porque todas eran únicas e incomparables. ¿Quién conducía mejor un automóvil, o entendía más de mecánica, que Pereira o Aníbal? ¿Quién cazaba mejor que mi abuelo o mi padre, que era echarse la escopeta a la cara y salir rodando la liebre o caer a plomo la perdiz? ¿Había en el mundo gente más rica que los ricos del pueblo, mejor médico que don Daniel, mejor músico que don Jacinto Pola? Nadie, imposible siquiera imaginarlo.. ¿Y Valdeborrachos, que era como se llamaba nuestra finca? ¿Podía haber en el mundo un lugar más bonito que aquel? Y eso por no hablar del castillo, de la rivera, de la hondura escalofriante de los pozos, de la fiereza y desmesura de los lobos y las culebras y las fieras corrupias que habitaban en lo bravío de nuestras sierras, y hasta del tonto del pueblo, que era sin duda el mejor tonto que pueda existir. Quizá por eso tú comprendes bien el sentimiento infantil de ciertos nacionalismos, capaces de sublimar su aldea hasta convertirla también en el centro del mundo, y sus cosas en excluyentes y absolutas”.




Monday, January 23, 2017

Pizarrín Corbachus, campeón san francisqueño



           Érase una vez un pueblo llamado San Francisco cuya única vía de comunicación con el resto de la humanidad era una carreterita de unos cuatro kilómetros. Con el paso del tiempo, la naturaleza iba venciendo al asfalto palmo a palmo. Los del pueblo no eran tan conscientes de la situación por el uso diario, pero los que iban allá de año en año lo notaban asombrados. Apenas nadie se quejaba a la administración. Claro, uno tenía pendiente una licencia de obras, otro tenía a su hijo de peón en el ayuntamiento, otro nunca criticaría a los de su partido... Y las pocas quejas eran despachadas con diligencia: el ayuntamiento decía que era problema de la Junta, la Junta mandaba la pelota al gobierno, éste te decía que era cosa de Europa y Europa te mandaba a tu ayuntamiento. Pasaban los años y la carretera seguía estrechándose. Los coches ya se veían obligados a pararse antes de cruzarse. Hasta que un día se le ocurrió a uno circular inclinado con dos ruedas en el aire. La práctica se propagó. Es verdad que seguía aumentado el número de accidentes, que los talleres se enriquecían y los neumáticos duraban dos telediarios, pero también es verdad que los sanfrancisqueños adquirieron una destreza espectacular con sus bólidos. Ya, incluso se saludaban alegremente soltando una mano del volante mientras solo dos ruedas iban por el asfalto. Corría el año 2036 y Pizarrín Corbachus, natural de San Francisco, tomaría parte en una carrera de F1. Sus adelantamientos por las estrechas calles de Mónaco, su habilidad al coger las curvas más cerradas... dejaron impresionado al público. Cuando Pizarrín llegó el primero a la meta se emocionó tanto que recordó su pueblo. Levantó el coche a dos ruedas y comenzó a dar su vuelta de honor sin percatarse de que aquellos enormes neumáticos eran muy inestables para aquel equilibrio. El coche volcó y Pizarrín permaneció un rato boca abajo. Como no se movía, se temió lo peor, pero, en realidad, Pizarrín, allí acurrucado, meditaba sobre si todo aquello que le había llevado a ser campeón realmente había merecido la pena.

Monday, May 23, 2016

Bromear con cosas serias, por David Trueba




     Me encanta bromear con cosas serias. ¿A ustedes no les da la risa cada vez que se topan con las conclusiones de algún estudio científico? Si el estudio está encargado por los bodegueros españoles sabemos que un par de copitas de vino al día son saludables. Si está encargado por los productores de Pata Negra, sabemos que el Jabugo es bueno para el colesterol. Si el estudio lo presenta la patronal del videojuego sabemos que los juegos de ordenador disparan la inteligencia emocional y los reflejos. Si, por el contrario, lo encarga la asociación de numismáticos nos enteramos de que coleccionar sellos garantiza una vida sexual plena. Y cómo no, si la encuesta está encargada por los empresarios de prensa, concluye que leer el periódico a diario alarga la esperanza de vida, desesperada eso sí.
Luego están los estudios científicos que no salen nunca. Por ejemplo, nunca tendremos ni idea de si la exposición al teléfono móvil es causa de tumores cerebrales. Nunca entenderemos por qué las redes wifi se prohíben en lugares públicos de Francia por daños a la salud, pero aquí se fomentan desde escuelas y Ayuntamientos. Y aquello de si vivir cerca de antenas de telefonía o columnas de alta tensión es peligroso solo lo sabremos cuando ya no tenga importancia. Así que cada vez que vemos un estudio científico nos arremangamos y esperamos a ver qué nos quieren vender.
Ayer, en páginas consecutivas de este periódico teníamos una muestra del asunto, que obviamente fue voceada en los noticiarios. Por un estudio supimos que el tabaco causa mil cánceres de pulmón al año entre camareros y, por otro, nos enteramos de que las nucleares no causan cáncer. Así que vamos a exigir que los cigarrillos sean de plutonio, se dirá algún bestia que lo toma literalmente. Es bueno saber que el segundo estudio estaba encargado por el Consejo de Seguridad Nuclear y el primero por el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo. Lo que toca es abrir centrales y prohibir fumar. Cuando tocaba lo contrario también había estudios donde apoyarse. Yo, por ahora, voy a seguir sin fumar y no me voy a mudar al patio de una central nuclear. Eso tras un estudio elaborado por mi sentido común.

Thursday, January 14, 2016

Botella al mar para el Dios de las palabras, por Gabriel García Márquez


         

           A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo y, con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras. 

Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: "Parece un faro''. Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso? 

      Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.

      En ese sentido, me atrevería a sugerir que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una? 

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.  


                                                                      

Saturday, November 14, 2015

Palabras para Juan


              



     Buenas tardes a todos. En primer lugar agradecer a Germán, a Luis Núñez, a Ana, la alcaldesa, y a Marisol de la AAVV que hayan hecho esto posible. Yo solté la idea en las redes y ellos han sido los verdaderos responsables de que saliera adelante. Creo que lo que hoy se va a hacer aquí es justicia, porque es de justicia que esta biblioteca lleve el nombre de Juan. Luis Núñez hace un mes me pidió un pequeño resumen sobre el porqué de ponerle el nombre a la biblioteca. Voy a leer lo que le escribí: Juan Santervás Calero habitó durante toda su vida en S. Fco de Olivenza. Desde muy joven se interesó de una forma muy significativa por todos los aspectos relacionados con la cultura. Poseía unos enormes conocimientos relativos a literatura, cine, deporte, música... También, fue una persona muy involucrada en todos los eventos y problemas sociales relativos a la comunidad. Trabajó de forma altruista como entrenador de fútbol en las categorías inferiores del S. Fco. Sus enseñanzas a los niños de S. Fco y S. Rafael siempre fueron más allá de las puramente deportivas. Iba en su propio coche (y sin cobrar nada) a recoger y a llevar a los chavales de S. Rafael para que pudieran entrenar en S.Fco. Durante un periodo se ocupó de la biblioteca del pueblo. Fue el primero en ordenar los libros y organizarlos escribiendo fichas y llevando un recuento de los usuarios. Participó activamente en el fomento de la lectura. Aun siendo una persona con una clara inclinación izquierdista y republicana, tuvo una excelente relación con personas de todas las ramas políticas, siendo admirado y alabado por todos. En esos pequeños foros rurales ilustró de muchas formas a todas aquellas personas con menos acceso a la cultura. Hablaba mucho con los adolescentes y sus consejos podían ir desde la lectura de un libro hasta el camino que debían tomar en la vida. Contribuyó de forma desinteresada al desarrollo del equipo de fútbol, siendo uno de los más importantes colaboradores en toda su historia.

         La última vez que vi a Juan fue en Madrid en el hospital. Me dijo que teníamos que escribir entre los dos la historia de lo que le había pasado y, después, señalándome un lugar en el pecho, me dijo que era ahí, y precisamente ahí, donde sentía el apoyo de todo el pueblo. Algo que no es extraño, porque Juan era una persona a la que quería todo el mundo. Después de hablar con él en el hospital me quedé convencido de que iba a salir adelante, por eso me sorprendió tanto la noticia de su fallecimiento. Yo, aunque no vivo aquí, vengo bastante a menudo y nunca me he acabado de ir, pero tras la muerte de Juan me pasé cuatro meses sin venir al pueblo. No venía porque sabía que ya no me lo iba a encontrar, y no me hacía a la idea de estar sentado en una terraza y que ya resultara imposible el hecho de verlo aparecer, de poder charlar con él de libros, de cine (de su película favorita Amanece que no es poco) o de fútbol, de verlo discutir con Gregorio o de hacerle alguna broma a Ismael. Quería dilatar al máximo posible la llegada del momento en que yo me sentara en la terraza del bar y supiera con total seguridad que Juanito no iba a aparecer allí nunca más. He acabado volviendo al pueblo, claro, y me ha sucedido algo extraño, porque siempre he seguido teniendo la sensación de que Juan iba a volver a aparecer en cualquier momento, de que iba a verlo de nuevo doblar la esquina y sentarse junto a mí con una broma de las suyas, y todavía hoy sigo teniendo la sensación de que él no se ha ido.

Antes de leer su poema favorito, escrito también por su poeta favorito, para reafirmar lo dicho antes quería recordar algunos momentos con él que no olvidaré. Una noche de hace 16 años, el día antes de irme al ejército a Alicante, yo estaba un poco asustado y Juan se pasó media noche allí sentado, a mi lado, tranquilizándome, contándome sus experiencias y haciéndome ver que allí no iba a estar mal. Me ayudó un montón. También, siendo niños, una tarde muy lluviosa Juan nos llevó en su Renault 5 a jugar a fútbol sala a Olivenza. Nos metieron una buena paliza y Juan, para animarnos, a la salida nos invitó a todos a un refresco en un bar, o, también, muchos años más tarde, el día en el que di el pregón de las fiestas del pueblo, un vecino al que no le había gustado una broma de mi pregón vino a por mí enfadado y Juan medió para que aquello acabase en nada.

Leo el poema:

ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).
Yo quiero ser llorando el hortelano 
de la tierra que ocupas y estercolas, 
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas 
y órganos mi dolor sin instrumento. 
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento. 
Tanto dolor se agrupa en mi costado, 
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado, 
un hachazo invisible y homicida, 
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida, 
lloro mi desventura y sus conjuntos 
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, 
y sin calor de nadie y sin consuelo 
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, 
temprano madrugó la madrugada, 
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, 
no perdono a la vida desatenta, 
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta 
de piedras, rayos y hachas estridentes 
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, 
quiero apartar la tierra parte a parte 
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte 
y besarte la noble calavera 
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera: 
por los altos andamios de las flores 
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores. 
Volverás al arrullo de las rejas 
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas, 
y tu sangre se irán a cada lado 
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado, 
llama a un campo de almendras espumosas 
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas 
del almendro de nata te requiero, 
que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

Saturday, December 27, 2014

¿Con qué salsa queréis ser cocinados?




          Érase una vez un grupo de miles de opositores extremeños que llevaba cuatro años deambulando por la selva. Se entrenaban y trabajaban duro con la esperanza de ser aceptados por una tribu. Un día se encontraron con la señora Admón, jefa de una tribu, que les hizo muchas promesas y les pidió que la acompañaran a un poblado, donde también estaban un grupo de señores, llamados Sindicatos, que se encargaban de defender sus derechos. Una vez allí, la señora Admón les dijo que todos los opositores serían cocinados, pero que no se preocuparan porque ellos mismos podrían, a través de los señores Sindicatos, elegir la salsa con la que serían cocinados. El señor PIDE eligió una deliciosa salsa boloñesa con un toque de pimienta, el señor CSIF, una salsa tártara con un toque de comino... y así sucesivamente, hasta que entre ellos se pusieron de acuerdo en una salsa que era combinación de todas. Sólo el señor ANPE se negó a elegir una salsa para los opositores. «No lo entiendo, pero si somos tan generosos que os dejamos elegir la salsa a vosotros», dijo la señora Admón a ANPE. Entonces uno de los miles de opositores alzó la voz: «¡Es que nosotros no queremos ser cocinados!». A lo que la señora Admón, enfadada, respondió: «¡Ah, no! Que seréis cocinados está fuera de toda negociación, es una imposición de la tribu, pero os dejaremos elegir la salsa. ¿Con qué salsa queréis ser cocinados?»


Wednesday, November 26, 2014

Bilingüismo sí... by all means



               No sé en la experiencia de quién se basa Alfredo Aranda para asegurar que los programas de bilingüismo hacen que baje el nivel de las asignaturas. El inglés lo sigue evaluando el profesor de inglés y en estas otras asignaturas esta lengua franca se usa como una herramienta más para la ampliación de conocimientos. Por otro lado, ver el aprendizaje del inglés como una claudicación ante Estados Unidos me parece de cazurros, un pensamiento retrógrado propio de personas a las que oscuros prejuicios les impiden progresar. A lo mejor si Alfredo Aranda fuera un bárbaro en los tiempos de la antigua Roma también se negaría a que se construyeran calzadas, acueductos, teatros... o a aprender latín, por no ceder ante el imperio. Dice Alfredo que “en algunos centros los niños bastante tienen con aprender a leer y a escribir en español”. Lo cual me parece otra cazurrada casposa más. El bilingüismo es siempre opcional, y yo todavía no me he encontrado ningún centro en el que no haya un número significativo de alumnos con capacidad e ilusión para aprender mucho más. Y si al aprendizaje de la asignatura en cuestión le sumamos el del inglés, tanto mejor. El bilingüismo nos ha dado la oportunidad de mejorar la formación de alumnos y profesores, nos ha enriquecido con intercambios con otros países (en Alemania y Francia nos llevan años de ventaja), nos ha abierto la mente para aprender y compartir diferentes estrategias de enseñanza... En fin, don Alfredo, mientras usted piensa seguir anclado en sus viejas creencias yo me lleno de satisfacción cuando mis alumnos resuelven problemas en inglés de trigonometría, entienden un documental de la BBC sobre el teorema de Fermat, saben explicar en inglés el proceso de resolución de una ecuación o pueden responder en inglés a preguntas sobre la proporción áurea.

Monday, June 16, 2014





El ruido del tiempo


       Cuando algún escritor joven ofrecía su manuscrito a Hemingway, éste siempre respondía lo mismo: «No lo leeré; si me gusta me sentiré mal por no haberlo escrito yo y si no me gusta me sentiré mal por haber perdido el tiempo». En el caso de Mario Sánchez Jiménez creo que Hemingway se equivocaría. No habría disfrutado con la lectura de esta serie de relatos de una originalidad majestuosa y una tan acertada visión del lado oscuro de la vida. Si sumamos el toque misterioso de Poe, la captura del momento vital de Joyce, el punto oscuro de Salinger y la prosa directa y seca de Carver obtenemos El ruido del tiempo. Un conjunto de relatos que, como su autor dice, son una metáfora evocadora de ese sonido tumultuoso que, día tras día, se va grabando en las personas. Estas historias formidables están plagadas de personajes tan peculiares como un mendigo pijo, un condenado a muerte que se cree unido a una mosca, un anciano joven o un gran viajero que no ha salido de su pueblo. Me gustaría saber qué misteriosas pulsiones del autor le han llevado a engendrar el germen de este conjunto de lúcidas epifanías; unas epifanías que marcan para siempre las vidas de todos los personajes. Lo más sorprendente es que a Mario Sánchez Jiménez no le basta con llevarte a través de una inquietante coherencia a un abismo lóbrego y cenagoso mientras expone la trama, sino que, además, las frases finales sacan un brazo de la página y te zarandean sin piedad para dejarte perplejo y pensativo durante mucho tiempo: “Los días de guerra me han perforado para siempre, pienso, mientras miro inmóvil a ninguna parte”. “...nunca llegará a saber que su marido quiso matarla”, “mientras las aguas iban tomando el color de la sangre y de la muerte”... 

Thursday, March 13, 2014

El diablo es un hombre ocupado

          
                   Y cuando encontraba algo que estaba nuevo o cuando limpiaba el cobertizo de las máquinas o la bodega a menudo papá descubría que tenía algún trasto que ya no quería y del que tenía que librarse y como estaba muy lejos para llevarlo en la camioneta hasta el vertedero o a la tienda Goodwill del pueblo llamaba por teléfono para poner un anuncio en el Trading Post del pueblo para regalarlo a quien lo quisiera. Porquerías como un sofá, una nevera o una caña vieja. El anuncio decía: Es gratis ven y llévatelo. Y aun así siempre pasaba un tiempo desde que lo ponía hasta que alguien llamaba y el trasto se quedaba en el porche molestando a papá hasta que uno o dos tipos del pueblo llegaban por fin a casa para echarle un vistazo. Y resultaba que se mostraban desconfiados y ponían una cara impenetrable como si estuvieran jugando cartas y daban vueltas alrededor del trasto y lo tocaban con la punta del zapato y decían: Dónde lo has encontrado qué le pasa cómo es que tienes tantas ganas de librarte de él. Negaban con la cabeza y hablaban con su parienta y dudaban todo el tiempo y sacaban a papá de sus casillas porque lo único que él quería era regalar una caña vieja a cambio de nada y sacarla del porche y en cambio allí seguían robándole su tiempo y obligándole a dar más y más rodeos con aquella gente para convencerlos de que se la llevaran. Hasta que se cansó y entonces cada vez que quería librarse de algo lo que hacía era colocar un anuncio en el Trading Post y poner cualquier precio idiota que se inventaba sobre la marcha cuando hablaba por teléfono con el tío de Trading Post. Cualquier precio idiota que fuera prácticamente nada. Rastra Vieja Con Dientes Un Poco Oxidados $5, Sofá Cama JC Penny Verde y Amarillo $10 y rollos por el estilo. Y entonces pasó que llamaba la gente el primer día que el Trading Post publicaba el anuncio y se acercaban desde el pueblo y hasta venían de otros pueblos más lejanos donde también se recibía el Trading Post y aparcaban removiendo toda la grava y apenas miraban el trasto e intentaban que papá se quedara con los cinco dólares o los diez dólares como fuera antes de que alguien más se lo pudiera quedar y si era algo pesado como el sofá yo les ayudaba a cargarlo y se lo llevaban en un santiamén. Ponían una cara distinta, igual que sus mujeres en la camioneta, estaban contentos y sonrientes y cogían a la parienta por la cintura y se despedían de papá con la mano cuando se alejaban. Muertos de felicidad por haberse llevado una rastra vieja por prácticamente nada. Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo y luego me dijo que fuera a sacar la grava de la zanja con el rastrillo antes de que se le jodiera el desagüe.

Foster Wallace

Sunday, March 03, 2013

El regreso a España del abuelo Ernesto







              Los años y el poder de las raíces me han devuelto a estos parajes. Amo este lugar porque aquí fue donde nacieron mis ilusiones y mis sueños, donde sufrí y anhelé un futuro de color. Aquí encontré el cariño de gentes cercanas y amables. Me abrieron su corazón seres buenos que me dejarían para siempre marcado. Mis dioses son todos aquellos que me han ido ayudando a llenar la mochila con más ideas y más bondad. La vejez me trae de vuelta al inicio. Abandoné un país enormemente rico, lleno de posibilidades y de alegría, para encontrarme hoy, muchos años después, este desolado paisaje donde hasta reír es un enorme lujo. Muchos corruptos y explotadores no han sido capaces de pensar en la sociedad. Se han enriquecido destruyendo el bienestar de una nación. La miseria invade cada rincón de cada calle y no se detiene ni ante hospitales y escuelas. Los que nos prestan dinero exigen que el gasto público se reduzca infinitamente. Los hospitales ahora no tienen ni siquiera las mínimas condiciones en cuanto a sanitarios y medios, los profesores han perdido su estatus, su respeto. Sus sueldos disminuyen a medida que aumentan sus horarios y el número de sus alumnos. Aquellos colegios e institutos que para mí fueron esenciales en la excelente educación que recibí, donde auténticos especialistas tenían medios para desarrollar su trabajo, ya no son más que un borroso recuerdo. El país que dejé era una de las mayores potencias económicas; el país que encuentro está perdido en los abismos, con una deuda extenuante cuyos intereses se siguen disparando... Y con la peor sensación de impotencia entre una parte de los ciudadanos, quienes, hartos e indignados, ven cómo la propaganda del Gran Hermano sigue alelando a la otra parte. Ni siquiera un viejo de mundo como yo puede evitar la incertidumbre ante estos momentos decisivos. Sólo sé que ha aflorado entre muchos una idea nueva. Arrastrándonos humillados en los barrizales hemos podido descubrir que avanzamos juntos. Jamás habíamos sido tan conscientes de nuestra unión. La utopía está más cerca.

Wednesday, January 09, 2013

Yoigo-Almendralejo y el poder ciudadano


         

           Nunca antes había pagado por un móvil. Si es un aparato que hará que factures miles de euros de tu bolsillo a una compañía, no me cuadraba que hubiera que pagar por él. Aun así, hace unos días compré por 99 euros un Samsung en Yoigo-Almendralejo. A los siete días la batería dejó de funcionar. Tenía óxido. Quizás le había entrado humedad. Tras tres semanas mareándome, Yoigo no me ha dado ninguna solución. ¿Compras un aparato electrónico por 99 euros y no te dan ni siquiera una semana de garantía? Por otro lado, hace poco vi un cargo en mi cuenta del que no sabía. Cuando fui al banco me dijeron que ellos mismos me habían cobrado una especie de mantenimiento. Al reclamar, me devolvieron el dinero, pero, ¿y si no hubiera reclamado? Al ciudadano no le queda más remedio que convertirse en un incansable vigilante de absolutamente todo para que no le claven facturas de más en teléfono, luz, compras, agua, bancos... Y uno acaba bastante quemado. Los ciudadanos deberíamos ser conscientes de que el poder es nuestro. Si dejáramos de usar móviles, sus compañías se arruinarían, si no nos matriculáramos en las universidades, conseguiríamos que bajasen las tasas, si no usáramos los bancos, se hundirían. Todos estos tiburones piensan que, forzosamente, seguiremos usando móviles, bancos... Por eso creen tenernos en sus manos y abusan de nosotros todo lo que pueden. Se aprovechan al máximo gracias a aquellos que aceptan resignarse. Antonio Montesinos un día decidió ponerse en contra del imperio más grande de la historia, la España de Carlos I, denunciando los abusos a los indios. Y removió tantas conciencias que logró casi erradicar el maltrato y aceleró las independencias de muchos países cruelmente colonizados. En 1955, Rosa Parks, una mujer negra, decidió no cederle su asiento a un blanco en el autobús, que era lo que imponía una injusta ley en Alabama. Aquello provocó un cambio radical hacia la igualdad en la conciencia americana. La sociedad abrió los ojos ante el racismo. Se cambiaron miles de leyes. Como decía Thoreau, la fuerza de una sola persona con razón puede cambiar civilizaciones.
Así, animo a todo el mundo a que proteste ante cualquier injusticia. Sin miedo. Los ciudadanos tenemos mucho más poder del que creemos. El poder es nuestro.

Monday, December 17, 2012

Gulliver y los huevos



          Nuestras historias de hace seis mil lunas no mencionan otras regiones que los dos grandes imperios de Liliput o Blefuscu, grandes potencias que están empeñadas en encarnizadísima guerra desde hace treinta y seis lunas. Empezó así: Todo el mundo reconoce que el modo primitivo de partir huevos para comérselos era cascarlos por el extremo más ancho; pero el abuelo de su actual Majestad, siendo niño, fue a comer un huevo, y, partiéndolo según la vieja costumbre, le avino cortarse un dedo. Inmediatamente el emperador, su padre, publicó un edicto mandando a todos sus súbditos que, bajo penas severísimas, cascasen los huevos por el extremo más estrecho. El pueblo recibió tan enorme pesadumbre con esta ley, que nuestras historias cuentan que han estallado seis revoluciones por ese motivo, en las cuales un emperador perdió la vida y otro la corona. Estas conmociones civiles fueron constantemente fomentadas por los monarcas de Blefuscu, y cuando eran sofocadas, los desterrados huían siempre a aquel imperio en busca de refugio. Se ha calculado que once mil personas han preferido la muerte a cascar los huevos por el extremo más estrecho. Se han publicado muchos cientos de grandes volúmenes sobre esta controversia; pero los libros de los anchoextremistas han estado prohibidos mucho tiempo, y todo el partido, incapacitado por la ley para disfrutar empleos. Durante el curso de estos desórdenes, los emperadores de Blefuscu se quejaron frecuentemente por medio de sus embajadores, acusándonos de provocar un cisma en la religión por contravenir una doctrina fundamental de nuestro gran profeta Lustrog, contenida en el capítulo cuadragésimocuarto del Blundecral. No obstante, esto se tiene por un mero retorcimiento del texto, porque las palabras son: «Que todo creyente verdadero casque los huevos por el extremo conveniente».

Sunday, December 02, 2012

YO ME DIVERTIRÉ, por Javier Marías





      “La sociedad española de los últimos años desdeña a los profesores, más aún si lo son de instituto o de colegio. Se ha convertido en una profesión poco prestigiada y cada vez peor pagada, privada de la respetabilidad que merece y tan dura como ha sido siempre. El resultado es la desgana y la desmoralización de quienes llevan a cabo la más importante tarea de un país, la educación de los niños y los jóvenes, lo que los convierte en personas y los hace pensar. Es esta una época en la que los docentes gozan cada vez de menor libertad, apabullados por normas, controles y pedanterías. Y así, se les permite siempre menos el uso de la imaginación y más les son impuestos el mimetismo y la uniformidad. Habrá quienes se sientan felices por ello. En todo oficio hay y ha habido gente rutinaria y perezosa, que prefiere saber a qué atenerse, no ya a diario, sino en su entera vida. Gente que sólo busca su seguridad y jamás aventura; reiteración y no riesgo; cómodas cortapisas y reglas que descarten el traicionero entusiasmo con que a veces se acometían las tareas en el pasado. El número va menguando, pero aún quedan quedan personas que sí afrontan con imaginación y entusiasmo su trabajo cotidiano, y aun su vida entera que no quieren conocer ni vislumbrar así, entera, de antemano. Personas que recibirán las sorpresas con gusto, aun si no son muy buenas, antes que sentirse programadas hasta la eternidad. Tengo para mí que ese entusiasmo y esa imaginación son especialmente necesarios en la enseñanza. No ayudan los tiempos, que poco alientan y recompensan a los docentes, en lo político, lo económico y lo social. Pero aun así, el primer precepto de un profesor para consigo mismo ha de ser: YO ME DIVERTIRÉ. Eso creo y esa fue mi divisa durante los pocos años en que, como un impostor accidental, di clases en Oxford. Y si algo me consta es que, si me divertía yo, los alumnos se divertían también. Se intrigaban, se preguntaban, se paraban a pensar, esperaban que al final de la hora, como en un relato, se produjera una revelación, una deducción, una conclusión no insignificante; la respuesta a un enigma, o lo que es lo mismo, el logro de un conocimiento. Poco importaba que al sonar la campana nada de eso tuviera lugar; lo importante era su espera, su confianza en ello, su atención al proceso de la transmisión de un problema o de un saber. La existencia y visión fugaz del espejismo. Creo que eso es lo fundamental: enseñar a pensar, a interesarse, a intrigarse, y eso puede conseguirse hasta con la más árida y menos práctica materia, con las matemáticas y con el latín. Pero creo también que eso sólo puede lograrse con la diversión del que conduce ese pensamiento, ese interés, esa intriga”.