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Saturday, November 14, 2015

Palabras para Juan


              



     Buenas tardes a todos. En primer lugar agradecer a Germán, a Luis Núñez, a Ana, la alcaldesa, y a Marisol de la AAVV que hayan hecho esto posible. Yo solté la idea en las redes y ellos han sido los verdaderos responsables de que saliera adelante. Creo que lo que hoy se va a hacer aquí es justicia, porque es de justicia que esta biblioteca lleve el nombre de Juan. Luis Núñez hace un mes me pidió un pequeño resumen sobre el porqué de ponerle el nombre a la biblioteca. Voy a leer lo que le escribí: Juan Santervás Calero habitó durante toda su vida en S. Fco de Olivenza. Desde muy joven se interesó de una forma muy significativa por todos los aspectos relacionados con la cultura. Poseía unos enormes conocimientos relativos a literatura, cine, deporte, música... También, fue una persona muy involucrada en todos los eventos y problemas sociales relativos a la comunidad. Trabajó de forma altruista como entrenador de fútbol en las categorías inferiores del S. Fco. Sus enseñanzas a los niños de S. Fco y S. Rafael siempre fueron más allá de las puramente deportivas. Iba en su propio coche (y sin cobrar nada) a recoger y a llevar a los chavales de S. Rafael para que pudieran entrenar en S.Fco. Durante un periodo se ocupó de la biblioteca del pueblo. Fue el primero en ordenar los libros y organizarlos escribiendo fichas y llevando un recuento de los usuarios. Participó activamente en el fomento de la lectura. Aun siendo una persona con una clara inclinación izquierdista y republicana, tuvo una excelente relación con personas de todas las ramas políticas, siendo admirado y alabado por todos. En esos pequeños foros rurales ilustró de muchas formas a todas aquellas personas con menos acceso a la cultura. Hablaba mucho con los adolescentes y sus consejos podían ir desde la lectura de un libro hasta el camino que debían tomar en la vida. Contribuyó de forma desinteresada al desarrollo del equipo de fútbol, siendo uno de los más importantes colaboradores en toda su historia.

         La última vez que vi a Juan fue en Madrid en el hospital. Me dijo que teníamos que escribir entre los dos la historia de lo que le había pasado y, después, señalándome un lugar en el pecho, me dijo que era ahí, y precisamente ahí, donde sentía el apoyo de todo el pueblo. Algo que no es extraño, porque Juan era una persona a la que quería todo el mundo. Después de hablar con él en el hospital me quedé convencido de que iba a salir adelante, por eso me sorprendió tanto la noticia de su fallecimiento. Yo, aunque no vivo aquí, vengo bastante a menudo y nunca me he acabado de ir, pero tras la muerte de Juan me pasé cuatro meses sin venir al pueblo. No venía porque sabía que ya no me lo iba a encontrar, y no me hacía a la idea de estar sentado en una terraza y que ya resultara imposible el hecho de verlo aparecer, de poder charlar con él de libros, de cine (de su película favorita Amanece que no es poco) o de fútbol, de verlo discutir con Gregorio o de hacerle alguna broma a Ismael. Quería dilatar al máximo posible la llegada del momento en que yo me sentara en la terraza del bar y supiera con total seguridad que Juanito no iba a aparecer allí nunca más. He acabado volviendo al pueblo, claro, y me ha sucedido algo extraño, porque siempre he seguido teniendo la sensación de que Juan iba a volver a aparecer en cualquier momento, de que iba a verlo de nuevo doblar la esquina y sentarse junto a mí con una broma de las suyas, y todavía hoy sigo teniendo la sensación de que él no se ha ido.

Antes de leer su poema favorito, escrito también por su poeta favorito, para reafirmar lo dicho antes quería recordar algunos momentos con él que no olvidaré. Una noche de hace 16 años, el día antes de irme al ejército a Alicante, yo estaba un poco asustado y Juan se pasó media noche allí sentado, a mi lado, tranquilizándome, contándome sus experiencias y haciéndome ver que allí no iba a estar mal. Me ayudó un montón. También, siendo niños, una tarde muy lluviosa Juan nos llevó en su Renault 5 a jugar a fútbol sala a Olivenza. Nos metieron una buena paliza y Juan, para animarnos, a la salida nos invitó a todos a un refresco en un bar, o, también, muchos años más tarde, el día en el que di el pregón de las fiestas del pueblo, un vecino al que no le había gustado una broma de mi pregón vino a por mí enfadado y Juan medió para que aquello acabase en nada.

Leo el poema:

ELEGÍA
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería).
Yo quiero ser llorando el hortelano 
de la tierra que ocupas y estercolas, 
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas 
y órganos mi dolor sin instrumento. 
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento. 
Tanto dolor se agrupa en mi costado, 
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado, 
un hachazo invisible y homicida, 
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida, 
lloro mi desventura y sus conjuntos 
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, 
y sin calor de nadie y sin consuelo 
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo, 
temprano madrugó la madrugada, 
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada, 
no perdono a la vida desatenta, 
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta 
de piedras, rayos y hachas estridentes 
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes, 
quiero apartar la tierra parte a parte 
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte 
y besarte la noble calavera 
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera: 
por los altos andamios de las flores 
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores. 
Volverás al arrullo de las rejas 
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas, 
y tu sangre se irán a cada lado 
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado, 
llama a un campo de almendras espumosas 
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas 
del almendro de nata te requiero, 
que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

Saturday, December 27, 2014

¿Con qué salsa queréis ser cocinados?




          Érase una vez un grupo de miles de opositores extremeños que llevaba cuatro años deambulando por la selva. Se entrenaban y trabajaban duro con la esperanza de ser aceptados por una tribu. Un día se encontraron con la señora Admón, jefa de una tribu, que les hizo muchas promesas y les pidió que la acompañaran a un poblado, donde también estaban un grupo de señores, llamados Sindicatos, que se encargaban de defender sus derechos. Una vez allí, la señora Admón les dijo que todos los opositores serían cocinados, pero que no se preocuparan porque ellos mismos podrían, a través de los señores Sindicatos, elegir la salsa con la que serían cocinados. El señor PIDE eligió una deliciosa salsa boloñesa con un toque de pimienta, el señor CSIF, una salsa tártara con un toque de comino... y así sucesivamente, hasta que entre ellos se pusieron de acuerdo en una salsa que era combinación de todas. Sólo el señor ANPE se negó a elegir una salsa para los opositores. «No lo entiendo, pero si somos tan generosos que os dejamos elegir la salsa a vosotros», dijo la señora Admón a ANPE. Entonces uno de los miles de opositores alzó la voz: «¡Es que nosotros no queremos ser cocinados!». A lo que la señora Admón, enfadada, respondió: «¡Ah, no! Que seréis cocinados está fuera de toda negociación, es una imposición de la tribu, pero os dejaremos elegir la salsa. ¿Con qué salsa queréis ser cocinados?»


Wednesday, November 26, 2014

Bilingüismo sí... by all means



               No sé en la experiencia de quién se basa Alfredo Aranda para asegurar que los programas de bilingüismo hacen que baje el nivel de las asignaturas. El inglés lo sigue evaluando el profesor de inglés y en estas otras asignaturas esta lengua franca se usa como una herramienta más para la ampliación de conocimientos. Por otro lado, ver el aprendizaje del inglés como una claudicación ante Estados Unidos me parece de cazurros, un pensamiento retrógrado propio de personas a las que oscuros prejuicios les impiden progresar. A lo mejor si Alfredo Aranda fuera un bárbaro en los tiempos de la antigua Roma también se negaría a que se construyeran calzadas, acueductos, teatros... o a aprender latín, por no ceder ante el imperio. Dice Alfredo que “en algunos centros los niños bastante tienen con aprender a leer y a escribir en español”. Lo cual me parece otra cazurrada casposa más. El bilingüismo es siempre opcional, y yo todavía no me he encontrado ningún centro en el que no haya un número significativo de alumnos con capacidad e ilusión para aprender mucho más. Y si al aprendizaje de la asignatura en cuestión le sumamos el del inglés, tanto mejor. El bilingüismo nos ha dado la oportunidad de mejorar la formación de alumnos y profesores, nos ha enriquecido con intercambios con otros países (en Alemania y Francia nos llevan años de ventaja), nos ha abierto la mente para aprender y compartir diferentes estrategias de enseñanza... En fin, don Alfredo, mientras usted piensa seguir anclado en sus viejas creencias yo me lleno de satisfacción cuando mis alumnos resuelven problemas en inglés de trigonometría, entienden un documental de la BBC sobre el teorema de Fermat, saben explicar en inglés el proceso de resolución de una ecuación o pueden responder en inglés a preguntas sobre la proporción áurea.

Monday, June 16, 2014





El ruido del tiempo


       Cuando algún escritor joven ofrecía su manuscrito a Hemingway, éste siempre respondía lo mismo: «No lo leeré; si me gusta me sentiré mal por no haberlo escrito yo y si no me gusta me sentiré mal por haber perdido el tiempo». En el caso de Mario Sánchez Jiménez creo que Hemingway se equivocaría. No habría disfrutado con la lectura de esta serie de relatos de una originalidad majestuosa y una tan acertada visión del lado oscuro de la vida. Si sumamos el toque misterioso de Poe, la captura del momento vital de Joyce, el punto oscuro de Salinger y la prosa directa y seca de Carver obtenemos El ruido del tiempo. Un conjunto de relatos que, como su autor dice, son una metáfora evocadora de ese sonido tumultuoso que, día tras día, se va grabando en las personas. Estas historias formidables están plagadas de personajes tan peculiares como un mendigo pijo, un condenado a muerte que se cree unido a una mosca, un anciano joven o un gran viajero que no ha salido de su pueblo. Me gustaría saber qué misteriosas pulsiones del autor le han llevado a engendrar el germen de este conjunto de lúcidas epifanías; unas epifanías que marcan para siempre las vidas de todos los personajes. Lo más sorprendente es que a Mario Sánchez Jiménez no le basta con llevarte a través de una inquietante coherencia a un abismo lóbrego y cenagoso mientras expone la trama, sino que, además, las frases finales sacan un brazo de la página y te zarandean sin piedad para dejarte perplejo y pensativo durante mucho tiempo: “Los días de guerra me han perforado para siempre, pienso, mientras miro inmóvil a ninguna parte”. “...nunca llegará a saber que su marido quiso matarla”, “mientras las aguas iban tomando el color de la sangre y de la muerte”... 

Thursday, March 13, 2014

El diablo es un hombre ocupado

          
                   Y cuando encontraba algo que estaba nuevo o cuando limpiaba el cobertizo de las máquinas o la bodega a menudo papá descubría que tenía algún trasto que ya no quería y del que tenía que librarse y como estaba muy lejos para llevarlo en la camioneta hasta el vertedero o a la tienda Goodwill del pueblo llamaba por teléfono para poner un anuncio en el Trading Post del pueblo para regalarlo a quien lo quisiera. Porquerías como un sofá, una nevera o una caña vieja. El anuncio decía: Es gratis ven y llévatelo. Y aun así siempre pasaba un tiempo desde que lo ponía hasta que alguien llamaba y el trasto se quedaba en el porche molestando a papá hasta que uno o dos tipos del pueblo llegaban por fin a casa para echarle un vistazo. Y resultaba que se mostraban desconfiados y ponían una cara impenetrable como si estuvieran jugando cartas y daban vueltas alrededor del trasto y lo tocaban con la punta del zapato y decían: Dónde lo has encontrado qué le pasa cómo es que tienes tantas ganas de librarte de él. Negaban con la cabeza y hablaban con su parienta y dudaban todo el tiempo y sacaban a papá de sus casillas porque lo único que él quería era regalar una caña vieja a cambio de nada y sacarla del porche y en cambio allí seguían robándole su tiempo y obligándole a dar más y más rodeos con aquella gente para convencerlos de que se la llevaran. Hasta que se cansó y entonces cada vez que quería librarse de algo lo que hacía era colocar un anuncio en el Trading Post y poner cualquier precio idiota que se inventaba sobre la marcha cuando hablaba por teléfono con el tío de Trading Post. Cualquier precio idiota que fuera prácticamente nada. Rastra Vieja Con Dientes Un Poco Oxidados $5, Sofá Cama JC Penny Verde y Amarillo $10 y rollos por el estilo. Y entonces pasó que llamaba la gente el primer día que el Trading Post publicaba el anuncio y se acercaban desde el pueblo y hasta venían de otros pueblos más lejanos donde también se recibía el Trading Post y aparcaban removiendo toda la grava y apenas miraban el trasto e intentaban que papá se quedara con los cinco dólares o los diez dólares como fuera antes de que alguien más se lo pudiera quedar y si era algo pesado como el sofá yo les ayudaba a cargarlo y se lo llevaban en un santiamén. Ponían una cara distinta, igual que sus mujeres en la camioneta, estaban contentos y sonrientes y cogían a la parienta por la cintura y se despedían de papá con la mano cuando se alejaban. Muertos de felicidad por haberse llevado una rastra vieja por prácticamente nada. Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo y luego me dijo que fuera a sacar la grava de la zanja con el rastrillo antes de que se le jodiera el desagüe.

Foster Wallace

Sunday, March 03, 2013

El regreso a España del abuelo Ernesto







              Los años y el poder de las raíces me han devuelto a estos parajes. Amo este lugar porque aquí fue donde nacieron mis ilusiones y mis sueños, donde sufrí y anhelé un futuro de color. Aquí encontré el cariño de gentes cercanas y amables. Me abrieron su corazón seres buenos que me dejarían para siempre marcado. Mis dioses son todos aquellos que me han ido ayudando a llenar la mochila con más ideas y más bondad. La vejez me trae de vuelta al inicio. Abandoné un país enormemente rico, lleno de posibilidades y de alegría, para encontrarme hoy, muchos años después, este desolado paisaje donde hasta reír es un enorme lujo. Muchos corruptos y explotadores no han sido capaces de pensar en la sociedad. Se han enriquecido destruyendo el bienestar de una nación. La miseria invade cada rincón de cada calle y no se detiene ni ante hospitales y escuelas. Los que nos prestan dinero exigen que el gasto público se reduzca infinitamente. Los hospitales ahora no tienen ni siquiera las mínimas condiciones en cuanto a sanitarios y medios, los profesores han perdido su estatus, su respeto. Sus sueldos disminuyen a medida que aumentan sus horarios y el número de sus alumnos. Aquellos colegios e institutos que para mí fueron esenciales en la excelente educación que recibí, donde auténticos especialistas tenían medios para desarrollar su trabajo, ya no son más que un borroso recuerdo. El país que dejé era una de las mayores potencias económicas; el país que encuentro está perdido en los abismos, con una deuda extenuante cuyos intereses se siguen disparando... Y con la peor sensación de impotencia entre una parte de los ciudadanos, quienes, hartos e indignados, ven cómo la propaganda del Gran Hermano sigue alelando a la otra parte. Ni siquiera un viejo de mundo como yo puede evitar la incertidumbre ante estos momentos decisivos. Sólo sé que ha aflorado entre muchos una idea nueva. Arrastrándonos humillados en los barrizales hemos podido descubrir que avanzamos juntos. Jamás habíamos sido tan conscientes de nuestra unión. La utopía está más cerca.

Wednesday, January 09, 2013

Yoigo-Almendralejo y el poder ciudadano


         

           Nunca antes había pagado por un móvil. Si es un aparato que hará que factures miles de euros de tu bolsillo a una compañía, no me cuadraba que hubiera que pagar por él. Aun así, hace unos días compré por 99 euros un Samsung en Yoigo-Almendralejo. A los siete días la batería dejó de funcionar. Tenía óxido. Quizás le había entrado humedad. Tras tres semanas mareándome, Yoigo no me ha dado ninguna solución. ¿Compras un aparato electrónico por 99 euros y no te dan ni siquiera una semana de garantía? Por otro lado, hace poco vi un cargo en mi cuenta del que no sabía. Cuando fui al banco me dijeron que ellos mismos me habían cobrado una especie de mantenimiento. Al reclamar, me devolvieron el dinero, pero, ¿y si no hubiera reclamado? Al ciudadano no le queda más remedio que convertirse en un incansable vigilante de absolutamente todo para que no le claven facturas de más en teléfono, luz, compras, agua, bancos... Y uno acaba bastante quemado. Los ciudadanos deberíamos ser conscientes de que el poder es nuestro. Si dejáramos de usar móviles, sus compañías se arruinarían, si no nos matriculáramos en las universidades, conseguiríamos que bajasen las tasas, si no usáramos los bancos, se hundirían. Todos estos tiburones piensan que, forzosamente, seguiremos usando móviles, bancos... Por eso creen tenernos en sus manos y abusan de nosotros todo lo que pueden. Se aprovechan al máximo gracias a aquellos que aceptan resignarse. Antonio Montesinos un día decidió ponerse en contra del imperio más grande de la historia, la España de Carlos I, denunciando los abusos a los indios. Y removió tantas conciencias que logró casi erradicar el maltrato y aceleró las independencias de muchos países cruelmente colonizados. En 1955, Rosa Parks, una mujer negra, decidió no cederle su asiento a un blanco en el autobús, que era lo que imponía una injusta ley en Alabama. Aquello provocó un cambio radical hacia la igualdad en la conciencia americana. La sociedad abrió los ojos ante el racismo. Se cambiaron miles de leyes. Como decía Thoreau, la fuerza de una sola persona con razón puede cambiar civilizaciones.
Así, animo a todo el mundo a que proteste ante cualquier injusticia. Sin miedo. Los ciudadanos tenemos mucho más poder del que creemos. El poder es nuestro.

Monday, December 17, 2012

Gulliver y los huevos



          Nuestras historias de hace seis mil lunas no mencionan otras regiones que los dos grandes imperios de Liliput o Blefuscu, grandes potencias que están empeñadas en encarnizadísima guerra desde hace treinta y seis lunas. Empezó así: Todo el mundo reconoce que el modo primitivo de partir huevos para comérselos era cascarlos por el extremo más ancho; pero el abuelo de su actual Majestad, siendo niño, fue a comer un huevo, y, partiéndolo según la vieja costumbre, le avino cortarse un dedo. Inmediatamente el emperador, su padre, publicó un edicto mandando a todos sus súbditos que, bajo penas severísimas, cascasen los huevos por el extremo más estrecho. El pueblo recibió tan enorme pesadumbre con esta ley, que nuestras historias cuentan que han estallado seis revoluciones por ese motivo, en las cuales un emperador perdió la vida y otro la corona. Estas conmociones civiles fueron constantemente fomentadas por los monarcas de Blefuscu, y cuando eran sofocadas, los desterrados huían siempre a aquel imperio en busca de refugio. Se ha calculado que once mil personas han preferido la muerte a cascar los huevos por el extremo más estrecho. Se han publicado muchos cientos de grandes volúmenes sobre esta controversia; pero los libros de los anchoextremistas han estado prohibidos mucho tiempo, y todo el partido, incapacitado por la ley para disfrutar empleos. Durante el curso de estos desórdenes, los emperadores de Blefuscu se quejaron frecuentemente por medio de sus embajadores, acusándonos de provocar un cisma en la religión por contravenir una doctrina fundamental de nuestro gran profeta Lustrog, contenida en el capítulo cuadragésimocuarto del Blundecral. No obstante, esto se tiene por un mero retorcimiento del texto, porque las palabras son: «Que todo creyente verdadero casque los huevos por el extremo conveniente».

Sunday, December 02, 2012

YO ME DIVERTIRÉ, por Javier Marías





      “La sociedad española de los últimos años desdeña a los profesores, más aún si lo son de instituto o de colegio. Se ha convertido en una profesión poco prestigiada y cada vez peor pagada, privada de la respetabilidad que merece y tan dura como ha sido siempre. El resultado es la desgana y la desmoralización de quienes llevan a cabo la más importante tarea de un país, la educación de los niños y los jóvenes, lo que los convierte en personas y los hace pensar. Es esta una época en la que los docentes gozan cada vez de menor libertad, apabullados por normas, controles y pedanterías. Y así, se les permite siempre menos el uso de la imaginación y más les son impuestos el mimetismo y la uniformidad. Habrá quienes se sientan felices por ello. En todo oficio hay y ha habido gente rutinaria y perezosa, que prefiere saber a qué atenerse, no ya a diario, sino en su entera vida. Gente que sólo busca su seguridad y jamás aventura; reiteración y no riesgo; cómodas cortapisas y reglas que descarten el traicionero entusiasmo con que a veces se acometían las tareas en el pasado. El número va menguando, pero aún quedan quedan personas que sí afrontan con imaginación y entusiasmo su trabajo cotidiano, y aun su vida entera que no quieren conocer ni vislumbrar así, entera, de antemano. Personas que recibirán las sorpresas con gusto, aun si no son muy buenas, antes que sentirse programadas hasta la eternidad. Tengo para mí que ese entusiasmo y esa imaginación son especialmente necesarios en la enseñanza. No ayudan los tiempos, que poco alientan y recompensan a los docentes, en lo político, lo económico y lo social. Pero aun así, el primer precepto de un profesor para consigo mismo ha de ser: YO ME DIVERTIRÉ. Eso creo y esa fue mi divisa durante los pocos años en que, como un impostor accidental, di clases en Oxford. Y si algo me consta es que, si me divertía yo, los alumnos se divertían también. Se intrigaban, se preguntaban, se paraban a pensar, esperaban que al final de la hora, como en un relato, se produjera una revelación, una deducción, una conclusión no insignificante; la respuesta a un enigma, o lo que es lo mismo, el logro de un conocimiento. Poco importaba que al sonar la campana nada de eso tuviera lugar; lo importante era su espera, su confianza en ello, su atención al proceso de la transmisión de un problema o de un saber. La existencia y visión fugaz del espejismo. Creo que eso es lo fundamental: enseñar a pensar, a interesarse, a intrigarse, y eso puede conseguirse hasta con la más árida y menos práctica materia, con las matemáticas y con el latín. Pero creo también que eso sólo puede lograrse con la diversión del que conduce ese pensamiento, ese interés, esa intriga”.   

Saturday, November 17, 2012

El Hombre y la Ley



          
        Aquella mañana, cuando nuestro nuevo profesor de "Introducción al Derecho" entró en la clase lo primero que hizo fue preguntarle el nombre a un alumno que estaba sentado en la primera fila:
      - ¿Cómo te llamas?
      -Me llamo Juan, señor.
    -¡Vete de mi clase y no quiero que vuelvas nunca más! - gritó el desagradable profesor.
Juan estaba desconcertado. Cuando reaccionó se levantó torpemente, recogió sus cosas y salió de la clase. Todos estábamos asustados e indignados pero nadie dijo nada.
      -Está bien. ¡Ahora sí! ¿Para qué sirven las leyes?...
Seguíamos asustados pero poco a poco comenzamos a responder a su pregunta:
      - Para que haya un orden en nuestra sociedad.
     - ¡No! -contestaba el profesor.
      - Para cumplirlas.
     - ¡No!
     - Para que la gente mala pague por sus actos.
     - ¡No! ¿Pero es que nadie sabrá responder esta pregunta?
     - Para que haya justicia -dijo tímidamente una chica.
     - ¡Por fin! Eso es... para que haya justicia. Y ahora ¿para qué sirve la justicia?
Todos empezábamos a estar molestos por esa actitud tan grosera. Sin embargo, seguíamos respondiendo:
    - Para salvaguardar los derechos humanos.
    - Bien, ¿qué más? -decía el profesor.
    - Para discriminar lo que está bien de lo que está mal.
     - ¡... Seguid, seguid…!
     - Para premiar a quien hace el bien.
    - Ok, no está mal pero... respondan a esta pregunta ¿actué correctamente al expulsar de la clase a Juan?
Todos nos quedamos callados, nadie respondía.
    - ¡Quiero una respuesta decidida y unánime!
    - ¡No! -dijimos todos a la vez.
    -¿Podría decirse que cometí una injusticia?
    -¡Sí!
  -¿Por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas si no disponemos de la valentía para llevarlas a la práctica? Cada uno de ustedes tiene la obligación de actuar cuando presencia una injusticia. Todos. ¡No vuelvan a quedarse callados nunca más! Vete a buscar a Juan -dijo mirándome fijamente.

(Aquel día recibí la lección más práctica de mi clase de Derecho. Cuando no defendemos nuestros derechos perdemos la dignidad y la dignidad no se negocia).

Saturday, July 28, 2012

De lo que aconteció a un registrador de Santiago con don Pueblo



           En Santiago había un registrador llamado Mariano que quería saber nigromancia, y oyó decir que don Pueblo sabía. Entonces fue a Toledo a verlo. Mariano rogole que le mostrase la ciencia. Don Pueblo díjole que él era hombre que podría llegar a gran estado y que estos, desde que lo suyo han resuelto, olvidan muy deprisa lo que otro ha hecho por ellos. Y Mariano le prometió que de cualquier bien que tuviese, que nunca haría sino lo que él mandase. Don Pueblo llamó a una manceba y díjole que preparase perdices, mas que no las pusiese a asar hasta que él lo mandase. Entonces le llegó un mensaje a Mariano anunciándole que acababa de ser nombrado concejal. Y de allí a unos tres días le anunciaban que sería diputado. Don Pueblo lo llamó apremiándole para que ayudase a los trabajadores. Mariano le pidió calma. Y de allí al cabo de unos años, era nombrado ministro. Y cuando don Pueblo lo oyó, lo apremió para que ayudase a los parados. Mariano le pidió calma. Unos años después, Mariano se convertía en el nuevo presidente. Don Pueblo pidió audiencia para pedirle que ayudase a los pobres. Mariano díjole que si volvía a apremiarle lo mandaría a la cárcel, que era hereje y mago. Entonces Don Pueblo dijo a Mariano que pues otra cosa no tenía para comer, que se habría de tornar a las perdices, y llamó a la mujer y díjole que las asase. Cuando esto dijo don Pueblo, se halló Mariano en Toledo, registrador de la propiedad, con una infinita vergüenza. Y Don Pueblo díjole que se fuese con buena ventura y que, ya que había probado lo que había en él, ni siquiera se merecía su parte de las perdices.

Thursday, June 28, 2012

Un oliventino en Los Ángeles



           A lo mejor no soy yo la persona más apropiada para hablar de Carlos, porque nunca fui su amigo íntimo, pero lo hago porque he sentido profundamente lo que le ha pasado; desde el inicio de todo hasta su muerte. Lo he sentido como si le hubiese ocurrido a un familiar. Carlos era una de esas personas rebosantes de vida de las que uno siempre puede aprender; un eterno adolescente poseedor de un espectacular afán por aprovechar cada segundo de su existencia. Además, tenía el poder de ver el mundo desde un ángulo diferente; una perspectiva en la que cobraba cordura hasta la más disparatada de sus locuras.
Cuando alguien cercano fallece, siempre nos vienen a la mente determinados momentos junto a él. Esos momentos no los elige la conciencia de uno. Es nuestro cerebro el que decide arbitrariamente o, quizás, basándose en unos parámetros para nosotros desconocidos. Los tres momentos que en esta ocasión más me vienen a la mente son estos:

Hace unos quince años llevé a Carlos y a mí hermano a jugar a baloncesto a la universidad. Recogí a Carlos delante de su casa. Al montarse en el coche, como yo en aquella época tenía muchas ganas de aprender francés, le dije: Te llevo a jugar con la condición de que me hables todo el tiempo en francés. Aquel renacuajo, con sus apenas once o doce años, me dejó totalmente alucinado. Se pasó toda la ida y la vuelta del viaje hablando fluidamente en un francés genial.

Hace unos diez años, en unas fiestas de San Francisco, Carlos trabajó de camarero en el bar de debajo de mi casa. El domingo por la noche, cuando todo se hubo terminado, Canucha, el dueño del bar, cerró las puertas y premió a los camareros con disponer libremente de lo que había en el interior. Carlos se puso a beber de todo con bastante ansiedad. Después de un buen rato, salió del bar mareado. Se dirigió a mi casa. Como la puerta estaba abierta, entró, avanzó por el pasillo y se sentó en un sillón enfrente de la televisión. Me lo puedo imaginar allí, medio zombi, sin saber muy bien qué hacía. La mezcla se le revolvió tanto que comenzó a vomitar en el centro del salón. Después se recuperó, se levantó y se fue a su casa. Al día siguiente mi madre limpió aquel desaguisado creyendo que el responsable había sido uno de mis hermanos. Conocí esta historia porque, años después, Carlos se la contó a un amigo mío con el que compartió piso en Madrid, advirtiéndole de que no se le ocurriera decirme nada a mí.

Hace unos ocho años, viviendo en Madrid, un jueves por la noche decidí salir al centro a tomar algo con mi compañero de piso, un irlandés que conocía la ciudad mucho mejor que yo. Nos fuimos al barrio de Lavapiés. El ambiente era demasiado solitario y bohemio. Nos metimos, ya a cierta hora, en un oscuro bareto que desde fuera ni siquiera parecía serlo. Nada más entrar escuché unos gritos. Era Carlos, que estaba dentro con dos argentinos. Vino corriendo y se arrodillo a mis pies gritando: ¡Esto es increíble!, ¡esto es increíble!, ¡dos de San Francisco que se encuentran en Madrid!

Analizando un poco estas historias creo que surge una palabra en cada una. Tres sustantivos que podrían definir bien a Carlos: Inteligencia, locura y pasión. Así que, quizás, esa elección de momentos que ha hecho mi mente no sea tan arbitraria.


Hasta siempre, amigo.

Monday, May 28, 2012

Rebelión en la granja



           Yo soy una ternera a la que van a degollar en un par de meses. Todo comenzó cuando reinaban los burros. Entonces se dio libertad para recoger las siembras de forma incontrolada, arrasando el suelo hasta dejarlo estéril. Los burros llenaron el almacén, pero lo vaciaron muy rápido repartiéndoselo todo entre ellos y los perros, los cuales les ayudaban a mantenerse en el poder. El resto de animales de la granja no vio incrementada su parte de ración y siguió trabajando igual. Cuando la despensa se quedó vacía, los burros pidieron comida a la granja Hermana, en la que los animales tenían una buena ración y trabajaban lo mismo. Nos la dieron con dos condiciones: Había que devolvérsela con intereses y tendríamos que trabajar más por menos. En la granja Añil ya había sucedido antes algo similar y entonces vivían esclavizados. Cuando los burros impusieron el aumento de trabajo y la disminución de raciones, los primeros en protestar fueron los cerdos. Aquello era intolerable. Increparon fieramente a los burros; defendían que jamás se debían rebajar las raciones ni a las vacas, que éramos la base de la granja, ni a las gallinas, cuyos huevos eran esenciales. Además, era inconcebible que los perros tuvieran enormes raciones. Entre casi todos los animales se decidió quitar el poder a los burros y dárselo a los cerdos. Lo primero que hicieron fue sacrificar a los terneros jóvenes, acabar con la mayoría de las gallinas, disminuir aún más las raciones (excepto las de los perros que aumentaron) y hacer trabajar incluso a los animales más viejos. Cuando los burros les increpaban por lo que hacían, los cerdos respondían que la culpa era suya por haber dejado la granja en aquella situación y que había que hacer un esfuerzo por el bien de todos, ya que se necesitaba comida. Los animales ya no podíamos protestar, porque los perros mordían a todo aquel que criticara a los cerdos. Antes de que me llegue la hora, aunque me duela abandonar a parientes y amigos, creo que voy a emigrar a la granja Hermana.  

Wednesday, April 04, 2012

El aprendiz




“Cuando el joven Kevin se dio cuenta de que su padre estaba envejeciendo, quiso aprender su oficio. Le pidió a su padre que le enseñara el arte de robar. El padre estaba muy contento. Llevó a su hijo a una casa.

Saltaron la verja de hierro, entraron en la casa y encontraron un gran baúl. El padre le dijo: métete dentro y no te preocupes por los peligros, coge solamente el vestido más elegante. Cuando hubo entrado en el baúl, el padre lo cerró, y se escapó saltando por una ventana. Luego golpeó en la puerta de la entrada. Los dueños se despertaron. El padre saltó la verja de hierro y se escapó.

Kevin estaba dentro del baúl, sin poder hacer ruido y maldiciendo a su padre. Pero tuvo una idea. Comenzó a hacer el ruido que suelen hacer los ratones en los desvanes. Cuando lo oyó, el propietario mandó al hijo que mirara en el baúl a ver si había ratones. Tan pronto como el hijo del dueño lo abrió, Kevin sopló la vela que éste llevaba en las manos. Así salió del baúl, en la más completa oscuridad.

Pero Kevin sabía que todos los de la casa comenzarían a buscarle. Miró por la ventana y vio abajo un pozo. Tiró una piedra. Los de la casa pensaron que era el ladrón que escapaba.

Él se escapó por otro lado y cuando Kevin llegó a casa, su padre estaba esperándolo. Lo encontró con un vaso en la mano, muy feliz. ¡Has aprendido el arte!, le dijo y le dio a Kevin otro vaso para brindar”.


Bilbao-New York-Bilbao. Kirmen Uribe.

Tuesday, June 21, 2011

Tener clase, por Manuel Vicent


No depende de la posición social, ni de la educación recibida en un colegio elitista, ni del éxito que se haya alcanzado en la vida. Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas sin que en ello intervenga su inteligencia, el dinero ni la edad. Se trata de una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar, sin que puedan hacer nada por evitarlo. Este don pegado a la piel es mucho más fascinante que el propio talento. Aunque tener clase no desdeña la nobleza física como un regalo añadido, su atractivo principal se deriva de la belleza moral, que desde el interior del individuo determina cada uno de sus actos. La sociedad está llena de este tipo de seres privilegiados. Tanto si es un campesino analfabeto o un artista famoso, carpintero o científico eminente, fontanero, funcionaria, profesora, arqueóloga, albañil rumano o cargador senegalés, a todos les une una característica: son muy buenos en su oficio y cumplen con su deber por ser su deber, sin darle más importancia. Luego, en la distancia corta, los descubres por su aura estética propia, que se expresa en el modo de mirar, de hablar, de guardar silencio, de caminar, de estar sentados, de sonreír, de permanecer siempre en un discreto segundo plano, sin rehuir nunca la ayuda a los demás ni la entrega a cualquier causa noble, alejados siempre de las formas agresivas, como si la educación se la hubiera proporcionado el aire que respiran. Y encima les sienta bien la ropa, con la elegancia que ya se lleva en los huesos desde que se nace. Este país nuestro sufre hoy una avalancha de vulgaridad insoportable. Las cámaras y los micrófonos están al servicio de cualquier mono patán que busque, a como dé lugar, sus cinco minutos de gloria, a cambio de humillar a toda la sociedad. Pero en medio de la chabacanería y mal gusto reinante también existe gente con clase, ciudadanos resistentes, atrincherados en su propio baluarte, que aspiran a no perder la dignidad. Los encontrarás en cualquier parte, en las capas altas o bajas, en la derecha y en la izquierda. Con ese toque de distinción, que emana de sus cuerpos, son ellos los que purifican el caldo gordo de la calle y te permiten vivir sin ser totalmente humillado.

Thursday, June 16, 2011

Mouseland, por Clarence Gillis

Esta es la historia de un lugar llamado Mouseland. Mouseland era un lugar donde todos los ratoncitos vivían y jugaban, donde nacían y morían. Y ellos vivían de la misma manera que tú y yo lo hacemos. Incluso tenían un parlamento y cada cuatro años tenían elecciones. Caminaban rumbo a las urnas y votaban. Algunos hasta obtenían alguna ventaja, una ventaja que recibían cada cuatro años, como es lo normal. Tal como nos pasa a ti y a mí.

Y cada día de elecciones todos los ratoncitos acostumbraban a ir a las urnas y elegían un gobierno. Un gobierno formado por enormes y gordos gatos negros. Ahora bien, si pensáis que es extraño el elegir gatos siendo ratones, solo hace falta mirar la historia, entonces te darás cuenta que ellos -los ratones- no son más estúpidos que nosotros. No estoy diciendo nada en contra de los gatos, ellos eran buenos compañeros, conducían el gobierno dignamente, elaboraban buenas leyes, es decir, leyes buenas para los gatos. Y estas leyes que eran buenas para los gatos, no eran muy favorables para los ratones.

Una de las leyes decía, que la entrada a la ratonera debía ser tan grande como para que un gato pudiera meter su pata en ella. Otra ley decía, que los ratones solo podían moverse a ciertas velocidades, para que el gato consiguiera desayuno sin realizar mucho esfuerzo físico.

Todas estas leyes, eran buenas para los gatos, aunque para los ratones eran bastante duras. Y cuando los ratones lo tuvieron más y más difícil, y se cansaron de aguantar, dijeron de hacer algo al respecto. Entonces, fueron en masa a las urnas, votaron contra los gatos negros y eligieron gatos blancos.

Los gatos blancos lanzaron una campaña genial, dijeron: - Todo lo que necesita Mouseland es una visión de futuro”, y terminaron prometiendo: - El problema de Mouseland, son las entradas redondas de las ratoneras, si ustedes nos eligen, las construiremos cuadradas. Y lo hicieron. Las entradas cuadradas eran el doble de las redondas, ahora el gato podía meter las dos patas y la vida para los ratones, se tornó más complicada.

Y cuando no pudieron soportarlo más, votaron contra los gatos blancos y pusieron a los negros de nuevo. Para luego regresar a los blancos y de ahí a los negros otra vez. Incluso trataron con gatos mitad negro, mitad blanco y lo llamaron coalición.

En su desesperación, intentaron dar el gobierno a gatos con manchas, eran gatos que intentaban sonar como ratones pero comían como gatos. Verán amigos míos, el problema no estaba en el color de los gatos, el problema estaba en que eran gatos. Y como son gatos, naturalmente miraban por sus intereses de gato y no de ratones.

Finalmente, llegó desde lejos un ratoncito quién tuvo una idea. Mis amigos, atentos a las palabras del humilde compañero, el ratón les dijo: - Miren, compañeros, ¿por qué seguimos eligiendo un gobierno hecho por gatos?, ¿por qué no elegimos un gobierno de ratones?

-Ohh, ¡es un comunista! dijeron. Así que lo metieron en la cárcel.

Pero quiero recordarles que pueden encerrar a un ratón o a un hombre, pero lo que nunca podrán, será encerrar las ideas.

Thursday, June 02, 2011

Ese donquijotesco Celso

Uno podía encontrar a aquel inmenso bajito caminando por los pasillos del instituto Reino Aftasí de Badajoz. De rostro enjuto, mirada inteligente, voz imponente y elegancia legendaria, Celso se caracterizaba por sus gafas pequeñas, su desafiante sombrero y por los tres o cuatro libros que jamás faltaban bajo su brazo. Podía aconsejarte escritores griegos de novela negra, citarte a Alonso Quijano o analizar la última novela de Paul Auster. A los alumnos les gustaba hacer apuestas entre ellos, ¿quién sería el primero que lograra burlarse de él con alguna pregunta trampa? Sus respuestas, tan contundentes como ingeniosas, les hacían perder siempre.

Aunque supiera que esto iba a pasar, nunca me lo acababa de creer. Llevo todo el día dándole vueltas a algunos de los momentos que pasé con él; cuando lo alcé a hombros con otro compañero en medio de una comida para que lanzara su discurso, cuando me contó el accidente de coche que había tenido su hija, cuando me contagió esa deliciosa afición de coleccionar El Quijote en cada idioma, cuando en La Tahona, entre evaluación y evaluación, criticaba a los escritores suecos porque en sus libros "hay muchas palabras"...

Los buenos profesores nunca mueren, dejan una estela imborrable, pasan un testigo inmortal, siembran unas fabulosas semillas... Y es que un Celso afecta a la eternidad. Por eso, aunque hace escasas horas abandonara este mundo con su elegancia de siempre, permanecerán, incrustados por los siglos, sus consejos, sus ideas, su infinita sombra. Además, Quijano recobró la cordura unos minutos antes de su fin; Celso no perdió nunca su genial locura.

Sunday, May 01, 2011

Sábato, antes del fin

Nací cerca de Buenos Aires el 24 de junio de 1911 para ya nunca abandonar esta forma de ser tan paradojalmente argentina. En mi adolescencia poseía una energía atroz y sentía a la vez una mezcla de fuerza cósmica, de odio y de indecible tristeza. Sólo diré que en el caso de vivir cinco mil años, me sería imposible olvidar hasta mi muerte aquellas siestas de verano: con aquella hembra anónima, múltiple como un pulpo, flexible y perversa como una gran víbora. Tras mi doctorado en físicas me fui a París. Durante ese tiempo de antagonismos, por la mañana me sepultaba entre probetas, y por la noche pululaba por tugurios con los delirantes surrealistas, aquellos heraldos del caos. En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me sentí vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba. Un buen día, mientras me hallaba enfrascado entre logaritmos y sinusoides, me dio por levantar la cabeza y encontrar a los hombres. Así nació el escritor. Acompañado por Matilde y Jorge, de cuatro años, me fuí a vivir a las sierras de Córdoba, en un rancho sin agua ni luz. Bajo la majestuosidad de los cielos estrellados, sentí paz. Si no nos ocupamos del infinito no vale la pena que nos ocupemos de nada. Deseaba vivir en la meditación, afrontar únicamente los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía para enseñarme; no sucediera que, estando próximo a morir, descubriese que no había vivido. Y poco a poco sentí que la furia volvía a subir en mí. Años después presidí la comisión de investigación de los desaparecidos en la dictadura. Allí aprendí mucho sobre la vida. Qué misterioso es el mundo. Sólo la gente superficial no lo ve. Conversás con el vigilante de la esquina, le haces tomar confianza y al rato descubrís que él también es un misterio. El Destino no se manifiesta en abstracto sino que a veces es un cuchillo de un esclavo y otras veces es la sonrisa de una mujer soltera.

Ahora estoy cerca de los cien. Ya me queda poco tiempo. Hay días en que me invade la tristeza de morir y, como si pudiera ser la muerte la engañada, me atrinchero en mi estudio y me pongo a pintar con frenesí, confiando en que ella no me arrebatará la vida mientras haya una obra sin terminar entre mis manos. La sociedad actual constituye una inmensa decepción. Tenemos que reaprender lo que es gozar, estamos tan desorientados que nos han hecho creer que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho. El demagogo Anito no disponía de otro recurso de difusión que su propia voz, y con todo logró convencer a la masa de que Sócrates debía beber cicuta. Y la masa hizo beber la cicuta al hombre más grande de toda Grecia. Calcúlese lo que pueden hacer los demagogos contemporáneos con la televisión y la prensa en sus manos.

He olvidado grandes trechos de la vida y, en cambio, palpitan todavía en mi mano los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las amarguras. También el de ustedes que creen en mí, que han leído mis libros y que me ayudarán a morir. Creo en la vida eterna en este mundo. Hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad. ¿Por qué buscar lo absoluto fuera del tiempo y no en esos instantes fugaces pero poderosos en los que, al escuchar algunas notas musicales o al oír la voz de un semejante, sentimos que la vida tiene un sentido absoluto? Ése es el sentido de la esperanza para mí y lo que, a pesar de mi sombría visión de la realidad, me levanta una y otra vez para luchar. La gente no entiende que los viejos como yo, que casi no hablan y todo el tiempo parecen mirar a lo lejos, en realidad miran hacia dentro, hacia lo más profundo de su memoria. Sólo es posible acertar con el porvenir si tratamos de descubrir las leyes del pasado.

Wednesday, April 27, 2011

La alegría de las matemáticas




Si no te gustan las matemáticas es o porque no has puesto el suficiente interés en descubrirlas o porque tu profesor no ha sabido abrirte bien los ojos a ellas. Aunque no tenga la presencia social que corresponde a su contribución a la civilización, la reina de las ciencias posee una belleza infinita. Trataré de luchar contra algunos tópicos:

Las matemáticas no sirven para nada

En la mayoría de las ciencias sucede que los mejores suelen ser matemáticos. Incluso se dice que la primera guerra mundial fue la guerra de los químicos (millones de bajas por el gas mostaza), la segunda la de los físicos (bombas atómicas) y que la tercera será la de los matemáticos. Por ejemplo, gracias a su conocimiento podemos impedir que nos engañen políticos, medios de comunicación... con las estadísticas:

En los debates de las últimas elecciones, el político gobernante mostraba una gráfica tasa de paro frente a tiempo con un amplio número de unidades en el eje y, de modo que el aumento del paro no parecía significativo. En cambio, el político de la oposición, con los mismos datos, tomaba muy pocas unidades en el eje y, de modo que daba la impresión de un aumento exagerado del paro.


Si un periódico dice que han aumentado los homicidios en un 60%, impactará más que si dice que el año pasado asesinaron a 5 personas y este año a 8. Otro ejemplo de engaño lo vimos en la incoherencia entre el IPC presentado por el gobierno y la sensibilidad popular respecto al impacto en los precios con la entrada del euro. Los medios suelen ofrecer un porcentaje sin más referencia; dicen que el paro ha bajado del 8,1% al 7,9%, pero no dicen que el intervalo de confianza es del 1% (por lo que el paro podría incluso haber aumentado).

En cualquier caso las matemáticas siempre servirán, como mínimo, para pensar y para...

Una vez un joven decidió aprender a matar dragones. Se dedicó durante cinco años a estudiar todo lo relacionado con los dragones para poder capturarlos. Analizó todos sus hábitos: dónde solían comer, cómo se reproducían, en qué sitios preferían dormir... Cuando hubo dado por finalizado su largo estudio y ya se consideraba un experto en la caza de dragones, se dio cuenta de que no había dragones. Entonces se dedicó a enseñar cómo matar dragones.

"Las matemáticas no pueden sacarnos del laberinto, pero sí decirnos en qué punto de él estamos". Galileo.

Las matemáticas son aburridas

Pocas cosas consiguen llamar tanto la atención de los seres humanos como los enigmas matemáticos:

Un caracol está junto a una pared de 30 metros. Por el día sube tres metros y por la noche se duerme deslizándose dos metros hacia abajo. ¿Cuántos días necesitará para subir la pared?

Tenemos dos mechas irrompibles y de grosor irregular. Sabemos que cada una tarda en arder una hora. ¿Cómo calcularíamos 45 minutos de tiempo?

En una carrera de 100 metros un corredor gana a otro por 10 metros. Vuelven a correr, pero esta vez el rápido sale 10 metros por detrás. Si cada uno va a la misma velocidad que antes, ¿quién gana ahora?

Estamos en una isla donde hay dos tipos de indígenas. Unos siempre mienten y otros siempre dicen la verdad. Camino del poblado llegamos a una bifurcación donde hay un indígena que no sabemos de qué tipo es. ¿Qué pregunta le haremos para saber cuál de los dos caminos es el que lleva al poblado?

Sin levantar el lápiz, consigue, con cuatro rectas, pasar por todos los puntos:

Se celebra un trielo, el señor negro acierta 1 de cada 3 disparos, el señor gris 2 de cada 3 y el señor blanco no falla. Disparan en orden inverso a su puntería. ¿Qué harías si fueras el negro?

¿Qué número sigue en la siguiente serie?


También las paradojas:

En un pueblo, el único peluquero le corta el pelo a todos los que no se lo cortan por sí mismos. ¿Quién le corta el pelo al peluquero?

Si todos los caminos llevan a Roma, ¿qué hago para salir de Roma?


Siempre miento.

Esta frase es falsa.

Mi holgazanería no me deja tiempo para hacer nada.






Y los misterios de la naturaleza tan relacionados con las matemáticas:


Dios es 1 gran matemático decía Kepler. Tanto Π como Φ son números muy peculiares, ambos aparecen inesperadamente en el contexto de las ciencias. Como si nuestro universo hubiera sido diseñado con base en unos cuantos números fundamentales. Φ parece ser 1 de las claves estructurales. Define tanto la disposición de los pétalos de la rosa como las dimensiones de las obras de Le Corbusier, está entre las partituras de Debussi y tras la Mona Lisa, define la dinámica de los agujeros negros y la estructura microscópica de algunos cristales. Tanta coincidencia atemporal, universal e intercultural no puede ser fruto de la aleatoriedad. En varios periodos de la historia ha sido considerado sagrado. El hombre ha descubierto Φ en la Naturaleza y lo ha utilizado para la creación estética. La espiral logarítmica, surgida de Φ, es habitual en huracanes, moluscos, cuernos e incluso galaxias. En la Grecia Clásica ya era muy conocido y utilizado en los diseños arquitectónicos y escultóricos. También ha inspirado a artistas como Wagner, Dalí o Picasso.

La estructura espiral se encuentra en todas partes en el ser humano. La espiral de caracol en el oído, el corazón es una formación muscular en espiral que facilita su contracción. En el cordón umbilical las arterias tienen un giro de espiral hacia la izquierda y en la vesícula biliar también. La forma en espiral de la séptima costilla nos facilita le respiración al elevar el tórax. El húmero derecho tiene una torsión en espiral hacia la derecha, y el izquierdo hacia la izquierda. Dientes, uñas... El pene del cerdo tiene una estructura de hélice dextrógira y levógira a la vez para asegurar la penetración y fijar el esperma, las válvulas del aparato digestivo del tiburón son espirales, en ellas se han inspirado ingenieros, para hacer más lenta la absorción del alimento. La tabla periódica, desde el elemento más sencillo, el hidrógeno, se va organizando en forma de espiral.

Los números más raros y significativos son aquellos cuyos divisores suman exactamente su valor, y ésos son los llamados perfectos. El 6 tiene por divisores 1, 2 y 3, así que se trata de un número perfecto porque 1+2+3 = 6. El perfecto que le sigue es el 28. La perfección del 6 y el 28 ha sido reconocida por muchas culturas. El ciclo de la luna es de 28 días, dios creó al mundo en 6...


Las vidas de los matemáticos son serias

Alfred Nobel se sentía culpable por haber inventado la dinamita, usada en tantas guerras, así que creó los premios que llevan su nombre. Estos existen en muchas disciplinas, pero no en matemáticas. Hay una leyenda que explica el motivo. En aquel tiempo ese premio nobel de matemáticas iría con mucha probabilidad para el sueco Gösta Mittag-Leffler, quien, parece ser, mantenía relaciones con la amada de Nobel.

Ramanujan era un niño indio pobre al que, por casualidad, le cayó en las manos un libro de demostraciones matemáticas. Aprendió de forma autodidacta hasta ser capaz de elaborar teoremas y demostraciones que habían escapado a los matemáticos occidentales. Escribió una carta a Hardy, quién alucinó con sus conocimientos. Se lo llevó a Inglaterra para que trabajara con él. Por desgracia los crudos inviernos ingleses fueron demasiado para él. Contrajo la tuberculosis. Hardy fue a visitarlo al hospital. Se desplazó en taxi. Creo que el número de mi taxi era el 1729. Me parece un número bastante aburrido. A lo que Ramanujan respondió: - ¡No, Hardy!, ¡no, Hardy! Es un número muy interesante, ya que es el menor que se puede expresar como suma de dos cubos de dos maneras distintas. Ramanujan falleció a los 33.

Galois era un genio de las matemáticas de vida disoluta: cárcel, alcohol, prostitutas... Con veinte años, por un lío de faldas, fue retado a un duelo por el campeón de esgrima del ejército. La noche antes, consciente de sus pocas posibilidades, trató desesperadamente de registrar todos sus hallazgos matemáticos, pero no le daba tiempo. En el margen derecho de sus notas escribió: je n'ai pas le temps. Fue derrotado y murió al día siguiente.

Fermat, el mejor aficionado matemático de la historia, cuando no condenaba a morir a personas en la hoguera, como miembro de la inquisición, se dedicaba a su afición. Escribió en un cuaderno que poseía una prueba maravillosa para demostrar un teorema pero que no le cabía en ese margen. Esta afirmación atormentaría a generaciones de matemáticos. Hardy, otro gran matemático, cada vez que se montaba en un barco, decía que tenía la solución de otro famoso teorema. Consideraba que dios nunca permitiría que se ahogara porque, en ese caso, dejaría a los matemáticos acosados por un segundo y terrible fantasma.

Euler escribía artículos matemáticos sin desperdiciar un segundo. Lo hacía con la otra mano mientras mecía a un niño, comía sopa con una mano y con la otra escribía... Cuando perdió un ojo, exclamó: Mejor, ahora me distraeré menos. Se burlaban de él en la corte de Catalina la grande por su origen rural y por creer en Dios. Un día se plantó ante Diderot con una fórmula que demostraba la existencia de Dios: Señor, (a + b n)/n = x y por tanto dios existe. ¡Refútelo!

Turing fue uno de los principales responsables de la derrota nazi en la segunda guerra mundial. Descubrió el código secreto mediante el que se comunicaban. Unos años después el gobierno inglés lo condenó por homosexual a inyectarse hormonas. Poco después se suicidó comiéndose apaciblemente una manzana en la que había inyectado cianuro.

En la nota de suicidio de Misako Suzuki describía metódicamente los libros que tenía que devolver a la biblioteca y a sus amigos, explicaba hasta donde había llegado en su curso de cálculo y álgebra para que el profesor sustituto continuase desde ahí, y terminaba disculpándose ante sus colegas por los inconvenientes que su acto les pudiera causar.

Norbert Wiener era el típico matemático despistado. Su mujer le repitió muchas veces que se mudaban tal día. Esa mañana, antes de irse a trabajar a la universidad, le escribió en una hoja de papel la nueva dirección. Pero usó el papel para resolverle un problema a un alumno. Por la tarde, Norbert regresó a su antigua casa, ya que se había olvidado de la mudanza. Entonces lo recordó, pero no sabía la nueva dirección. Salió a la calle preocupado y vio una chica que se acercaba. - Perdone, pero es que yo vivía aquí antes y no consigo recordar... - No te preocupes, papá, mamá me ha mandado a recogerte.

Taniyama era el epítome del genio de la mente ausente y esto se reflejaba en su apariencia. Era incapaz de hacer un nudo decente y por eso decidió que en lugar de anudarse los cordones de sus zapatos una docena de veces al día no se los iba a anudar nunca. Siempre vestía el mismo traje verde tan peculiar con un extraño brillo metálico. El resto de su familia lo había rechazado porque estaba hecho de una tela muy llamativa.

Un astrónomo un físico y un matemático estaban de vacaciones en Escocia. Mirando por la ventana del tren distinguieron una oveja negra en medio de un prado. - ¡Qué interesante, en Escocia las ovejas son negras! Dijo el astrónomo. A lo que respondió el físico: - No, no, algunas ovejas escocesas son negras. El matemático miró suplicante al cielo y entonces articuló: - En Escocia existe al menos un campo que tiene al menos una oveja con al menos uno de sus costados de color negro.

Friday, February 25, 2011

UNED, un negocio chapucero

El 18 de enero fui a Mérida a examinarme de estudios ingleses. Estaba de mal humor porque, debido a una horrible planificación, me habían puesto tres exámenes (dos de primero y uno de segundo) a la misma hora. Cuando entré, me dijeron que, según una norma, no está permitido examinarse de más de un examen a la misma hora, y que perdería la convocatoria de los otros dos. Me explicaron que también podría haber ido antes otro día a hacer un examen, pero que en ningún caso me habría sido posible hacer los tres. ¿A la hora de aceptar mi dinero de la matrícula no ponen ningún impedimento pero después no me dejan examinarme de mis tres asignaturas? Lo que más me dolió no fue el dinero perdido (matrícula y libros) sino todo el tiempo que invertí en el estudio. Y es que esos libros no te permiten aprender por el simple placer de hacerlo. Aunque hay algunas asignaturas interesantes y trabajadas, la mayoría siguen libros de la editorial UNED (los más caros). El negocio consiste en que los profesores, autores de esos libros, son los que luego te examinan. Para que te aprueben tienes que comprar sus libros. En ellos abundan las faltas de ortografía, hay repeticiones de párrafos por abuso del copia y pega, los textos no están bien distribuidos (al final de las líneas no se cortan las palabras con guiones)... Para sacar más beneficios han prescindido de correctores. Son libros que tras los exámenes no tienen más utilidad que la de nivelar algún mueble. Quise hacer una reclamación y la presidenta del tribunal me contestó que no me serviría de nada. Llamemos a Madrid para lavarnos las manos, dijeron entre ellos. Me resigné a elegir uno de los tres (perdiendo las notas de los trabajos de los otros dos, incluido un 10 en una parte oral). Durante el examen comenzó a sonar un móvil. Nos mirábamos cabreados y asombrados los unos a los otros. Como docente que soy, sentí una terrible vergüenza ajena cuando, al cabo de un minuto, la presidenta del tribunal vino corriendo desde la otra punta de la sala y cogió el teléfono de su bolso. El colmo fue la posterior conversación por su móvil de otro miembro del tribunal ante más de cien personas concentradas en sus exámenes. ZP llegó al poder gracias a los jóvenes y dijo que nunca lo olvidaría, que jamás les fallaría. La mayoría de los alumnos de la UNED son jóvenes seiscientoeuristas que necesitan el título para progresar en su trabajo o buscar algo diferente. Enriquecerse a su costa es un acto demasiado vil. ¿Tan mezquinos somos los españoles como para merecernos una universidad a distancia tan abyecta, estéril y desastrosa como la UNED?